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Publicado por el jul 26, 2012 en Otros artículos de interés | sin comentarios

Ácido docosahexaenoico (DHA) en la prevención de la enfermedad de alzheimer

La enfermedad de Alzheimer (EA) es una demencia progresiva que se manifiesta tempranamente con la pérdida de funciones sinápticas y de la capacidad de memorización del individuo. El número de pacientes a los cuales se les diagnostica este desorden neuropatológico ha aumentado considerablemente en todos aquellos países donde se ha producido un aumento de la expectativa de vida.


Muchas preguntas acerca de la patogénesis de esta devastadora enfermedad siguen sin respuesta y los resultados de las opciones terapéuticas son escasos. Pruebas consistentes de importantes estudios epidemiológicos han establecido que varios parámetros nutricionales representan factores de riesgo en común con las enfermedades cardiovasculares y el deterioro cognitivo en las enfermedades neurodegenerativas, como ocurre en la EA . El polimorfismo de la ApoE, así como la elevada ingesta de colesterol y el bajo consumo de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPICL) son factores determinantes tanto en los trastornos cardiovasculares como en las enfermedades neurodegenerativas. En pacientes con EA frecuentemente se pueden observar menores niveles de ácidos grasos omega-3, tanto en plasma como en cerebro; mientras que, individuos que presentan un importante consumo de pescados grasos y/o de suplementos nutricionales con ácidos grasos omega-3, presentan un menor riesgo de presentar la enfermedad.
El ácido docosahexaenoico (DHA) es un AGPICL altamente insaturado (posee 6 dobles enlaces) y que pertenece a la serie o familia de ácidos grasos poliinsaturados omega 3. Es el AGPICL omega-3 más importante en la constitución de las membranas plasmáticas neuronales y en los sinaptosomas neuronales (vesículas sinápticas), especialmente a nivel cerebral. El DHA está presente en aproximadamente 30-40 % de los fosfolípidos de la materia gris de la corteza cerebral y de los fotorreceptores de la retina.
El DHA aportado por la dieta proviene mayoritariamente de alimentos de origen marino (peces grasos o azules y algas).
Hoy en día, existe un gran cúmulo de evidencia que permite afirmar que la dieta influye de manera decisiva en la incidencia y evolución de las principales patologías relacionadas con la edad, incluyendo las enfermedades cardiovasculares (hipertensión arterial, diabetes mellitus, dislipidemias, entre otras) y las enfermedades neurodegenerativas como la EA. Varios estudios epidemiológicos y experimentales sugieren que la ingesta de DHA y su posterior localización en las membranas neuronales podrían proporcionar un efecto protector frente a la EA. Esto representa, sin duda, uno de los más prometedores enfoques preventivos para desarrollar estrategias que tengan como objetivo prevenir o retrasar la aparición y posterior evolución de la EA. Diferentes vías de acción podrían contribuir a la actividad neuroprotectora del DHA (anti-inflamatoria y anti–oxidante) así como las propiedades neurotróficas de este ácido graso.

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