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Publicado por el oct 8, 2015 en Etapas de la vida, Niños | sin comentarios

Alimentación de los niños

Por Raquel Palomino, asesora nutricional del Método novaLine

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En este artículo vamos a tratar sobre la alimentación que deberán tomar nuestros pequeños, desde que nacen hasta que van al cole y se hacen mayores.

Es importante que la alimentación de nuestro pequeño sea equilibrada y adaptada a las necesidades del mismo, ya que su crecimiento y desarrollo dependerá de ello.

Durante el primer año de vida el niño pasa de una alimentación exclusivamente materna a una alimentación variada que incluye todos los grupos de alimentos. La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda que hasta el sexto mes la alimentación proceda exclusivamente de la leche materna, ya que se trata de un alimento completo para el bebé, que le garantiza todos los nutrientes necesarios. A partir de los 6 meses, se irán introduciendo alimentos de manera paulatina (para dar tiempo a su adaptación por el estómago), atendiendo al siguiente cuadro:

7 meses  Frutas y verduras
meses   Carne
meses  Derivados lácteos
10 meses   Pescado y  yema de huevo
11 meses Legumbres
12 meses Huevo entero

 

Si queremos que los escolares, al llegar a la edad adulta, practiquen unos hábitos alimentarios saludables y propios de la cultura de su zona geográfica, influidos por sus propios gustos y los de su familia, hay que “presentarles” los alimentos.

En la infancia y adolescencia los niños deben conocer y probar los alimentos y sus diferentes combinaciones, a través de la comida que se hace en  la familia y en las experiencias sociales (comida con familia, amigos, comedor escolar, etc.).

Para que un niño aprenda a comer bien debe entrar en contacto con una gran cantidad de alimentos.

Al igual que se transmiten pautas de higiene personal (lavado de manos antes de comer, lavado de dientes después de comer…), se debe hacer el esfuerzo de educar en alimentación y nutrición.

Los escolares tienen que comer de todo, pues cuanta mayor variedad de alimentos exista en su dieta, mayor es la posibilidad de que sea equilibrada y contenga los nutrientes que necesitan. Comer solo lo que nos gusta es una mala práctica nutricional.

Hay que variar las formas de preparación de los alimentos utilizando distintos procedimientos culinarios: asados, hervidos, a la plancha, guisados,  no abusar de los fritos y estimular el consumo de alimentos crudos (ensaladas, gazpacho, sopas frías…).

Los alimentos deberán distribuirse a lo largo del día para asegurarnos que aportamos todos los nutrientes necesarios. Se deberá hacer cinco comidas al día: desayuno, media, mañana, comida, merienda y cena.

El desayuno es importante para un buen rendimiento escolar. Un desayuno completo debería incluir un lácteo, un cereal (cereales de desayuno o pan) y algo de fruta. La fruta puede ser una pieza o zumo de frutas, intentando evitar los zumos envasados ya que tienen alto contenido en azúcares sencillos.

En el plan de comidas de un escolar debe haber una presencia de alimentos ricos en proteínas de origen animal: lácteos, carnes, huevos y pescados, en equilibrio con alimentos de origen vegetal: cereales, legumbres, verduras y frutas.

Los alimentos ricos en hidratos de carbono (pan, pasta, arroz, legumbres) son imprescindibles por su aporte de energía y deben formar parte de las dietas habituales de los escolares.

Las frutas y ensaladas deben ser habituales y abundantes en la alimentación de los escolares. Se aconseja cinco raciones de fruta y verdura diarias.

El agua es la mejor bebida para niños y adolescentes. Las comidas deben acompañarse SIEMPRE de agua: se evitarán, así mismo, zumos envasados y refrescos.

El consumo de dulces, refrescos y “snacks” debe ser moderado, ya que aportan calorías vacías y alto contenido en azúcares simples y grasas saturadas y trans. Tanto los azúcares simples como las grasas saturadas y trans producen enfermedades si se introducen en la dieta habitual por ello deben limitarse.

El abuso de la comida rápida nunca es aconsejable, pues contribuye a la formación de malos hábitos alimentarios y a la obesidad infantil.

La dieta mediterránea es el mejor ejemplo de alimentación saludable. Los alimentos que la componen son: aceite de oliva, pescado, legumbres, cereales, pan, frutas, verduras, yogur, frutos secos. Sus distintas combinaciones dan lugar a numerosas recetas de alto valor gastronómico y nutritivo.

La práctica del ejercicio físico siempre deberá ser el complemento de una alimentación saludable. Dicha combinación es la clave para prevenir la enfermedad y promover la salud. El niño debe acostumbrarse a realizar actividades físicas y a reducir el ocio sedentario evitando el exceso de horas de televisión y videojuegos.

El papel de los padres en la formación de los hábitos alimentarios de sus hijos y de un estilo de vida saludable es esencial. Deben estimularlos a comer de todo y a valorar los alimentos.

 

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