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Publicado por el mar 31, 2014 en Edad avanzada, Etapas de la vida | sin comentarios

Alimentación en las personas mayores

Ejercicio en edades avanzadas

Ejercicio en edades avanzadas

Con el incremento de la esperanza de vida crece paralelamente el interés por mantener una buena salud y funcionalidad. La mejora de la calidad de vida suele acompañarse de una menor incidencia de enfermedades, de incapacidad, tanto física como psicológica y de mortalidad. Todo esto hace que conseguir la máxima calidad de vida posible en edades avanzadas constituya una prioridad en las personas mayores.

Las personas mayores constituyen uno de los grupos de población más heterogéneo y vulnerable de los países desarrollados: Heterogéneo, porque incluye desde personas en torno a 65 años sanos y totalmente independientes, hasta mayores de 85 más o menos enfermas y dependientes. Y vulnerable, porque este grupo de población generalmente según aumenta de edad presenta mayor prevalencia de enfermedades crónicas y menos capacidad para regular todos los procesos relacionados con la ingesta de alimentos.

La sociedad actual tiende a la mejora de las condiciones socioeconómicas en la mayor parte de los países europeos. Esto ha contribuido a lograr una mayor calidad de vida que, como consecuencia, conduce a una mayor longevidad y esperanza de vida, lo que ha originado un aumento del envejecimiento de la población.

Actualmente, en España aproximadamente el 16% de la población tiene una edad superior a los 65 años. Esta cifra se prevé que aumente hasta el 20 % para el año 2020, y el sector de edad de mayor crecimiento será el de los mayores de 80 años.

FACTORES DETERMINANTES DE LA CALIDAD DE VIDA

Se han definido diferentes factores implicados en la calidad de vida. Estos factores influyen de manera determinante en la capacidad de alimentación de la persona y, por lo tanto, en el estado nutricional. Entre ellos, los más directamente relacionados son, por un lado, los denominados factores primarios o no modificables, que tienen lugar como resultado del proceso biológico de envejecimiento o, lo que es lo mismo, los factores genéticos o biológicos; y, por otro, los factores ambientales, psicológicos, sociales y los hábitos o estilos de vida. Estos últimos se han definido como secundarios y modificables. Entre ellos cabe destacar la alimentación, dada su influencia en el proceso de envejecimiento.

Diversos estudios han evidenciado que la dieta de una persona puede interactuar con el proceso de envejecimiento de varias formas, llegando a influir de manera directa en su estado de salud y calidad de vida. Puede contribuir a empeorar o preservar la pérdida de tejido y funciones que se producen durante el proceso de envejecimiento y, además, tener un papel beneficioso en la prevención y tratamiento de las enfermedades crónicas o ser un factor de riesgo en su desarrollo.

Como consecuencia de todo lo expuesto, en la actualidad adquiere una espacial importancia el conocimiento y seguimiento de unos correctos hábitos alimentarios y de vida para lograr vivir más y en las mejores condiciones. Todo esto conlleva que en la relación envejecimiento/nutrición y dieta se puedan plantear dos objetivos principales:

  • conseguir para el anciano una alimentación equilibrada que le lleve a envejecer con buena salud.

  • lograr que la alimentación sea saludable y sirva para prevenir o retrasar la aparición de enfermedades.

CAMBIOS ASOCIADOS AL ENVEJECIMIENTO

Acompañando al paso de los años se producen cambios tanto en el propio organismo como en el modo de vida que, en la mayoría de las ocasiones, influyen en la alimentación, calidad de la dieta y su aprovechamiento, y pueden modificar el estado nutricional de la persona.

Los cambios que más repercuten en el patrón alimentario son:

Físicos

  1. Alteraciones en la cavidad oral que pueden incidir en la masticación, salivación y deglución.
  2. Presencia de discapacidades y minusvalías que pueden disminuir la autonomía del anciano.
  3. Deterioro sensorial que afecta los sentidos del gusto, olfato, vista y oído, lo que suele provocar una menor apetencia e ingesta de alimentos.
  4. Disminución de la función secretora digestiva que afecta a la digestión.
  5. Dificultad de absorción de nutrientes.
  6. Cambios del tránsito intestinal, con la aparición de estreñimiento o diarrea.

Fisiológicos y metabólicos

  1. Disminución del metabolismo basal que da lugar a menores requerimientos energéticos.
  2. Trastornos en el metabolismo de los hidratos de carbono, pudiendo aparecer intolerancia a la glucosa y/o diabetes mellitus tipo 2.
  3. Cambios en la composición corporal con aumento del porcentaje graso y cambios en su distribución, lo que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes.
  4. Interacciones fármaco-nutriente. Muchas personas mayores están polimedicadas, lo que puede provocar problemas en la absorción, metabolismo y excreción de nutrientes.
  5. Anorexia o pérdida de apetito, provocado frecuentemente por estados depresivos, soledad y aislamiento.

Psicosociales

  1. Pobreza y limitación de recursos, condiciones que influyen en la adquisición de alimentos.
  2. Presencia de inadecuados hábitos alimentarios arrastrados o adquiridos con el paso del tiempo, que provocan la práctica de dietas monótonas, y dietas con baja densidad de nutrientes, consumo de alimentos desaconsejados, alto riesgo de ingesta desequilibrada de nutrientes y energía.
  3. Hospitalización, que en la mayoría de los casos conlleva inmovilización, reducción del volumen de plasma, pérdida ósea acelerada y falta de estímulos sensoriales. En esta situación se suele presentar menos apetencia, dando lugar a un riesgo elevado de malnutrición.
  4. Institucionalización, que puede derivar en depresión, falta de apetito, aversiones alimentarias, etc. Además, si el servicio de dietas no es adecuadamente gestionado y atendido, aumentará la probabilidad de que en la oferta de menús sea desequilibrada con consecuencias nutricionales en las personas que se encuentren internadas.

Patológicos

En esta población es frecuente la presencia de enfermedades crónicas que en muchos casos requieren medidas dietéticas. Su presencia y coexistencia con otras enfermedades recurrentes, hacen que la alimentación y el estado nutricional se encuentre comprometido.

ACTIVIDAD FÍSICA

La tendencia generalizada en este grupo de población es a disminuir la práctica de actividad física, y de forma más acusada en los hombres, lo que constituye uno de los factores que más afecta al estado nutricional de las personas mayores. Esta reducción de la actividad física puede derivar en una disminución de la ingesta de alimentos, con el consiguiente riesgo de desnutrición.

Para este grupo de población la recomendación general es realizar actividad física de manera regular y siempre acorde con las posibilidades individuales.

La práctica habitual de actividad física promueve una mayor calidad de vida de la persona mayor, ya que se asocia a un mejor estado nutricional, ayuda a prevenir la obesidad, puede retrasar la aparición de los síntomas que acompañan algunas enfermedades degenerativas, ayuda a mantener la capacidad funcional, contribuye a paliar los cambios en la composición corporal y potencia la autonomía y autoestima del individuo.

GUÍA PARA LA CONFECCIÓN DE UNA DIETA SALUDABLE

La amplia variabilidad interpersonal en los mayores crea la necesidad de confeccionar dietas individualizadas que tengan en cuenta los siguientes puntos para establecer pautas según sus necesidades y características:

Se aconseja realizar de 4 a 6 tomas regulares al día, desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. La distribución de la ingesta calórica a lo largo de día es conveniente que sea en tomas frecuentes, de tal manera que se ajuste al siguiente reparto: desayuno 15-20%, almuerzo 5-10%, comida 30-35%, merienda 5-10% y cena 25-30%. De esta manera, se evitan largos periodos de ayuno. Se recomienda que al día se realicen como mínimo dos comidas calientes.

MENÚ PATRÓN RECOMENDADO

Se aconseja utilizar de manera regular preparaciones culinarias agradables y sencillas que no añadan mucha grasa a los alimentos, como son los hervidos, preparaciones a la plancha, al papillote, al microondas, a la parrilla o vapor y al horno, así como guisados y estofados controlando la cantidad de grasa añadida en el cocinado. Por el contrario, es aconsejable evitar o consumir con menos frecuencia rebozados, fritos y todas aquellas preparacions que añadan grasa extra a los alimentos.

En este grupo de población es muy frecuente encontrar personas con problemas que dificultan el proceso de alimentación. Entre los más comunes encontramos problemas de masticación, salivación y deglución. Por este motivo es importante adaptar las preparaciones de los diferentes alimentos a las características individuales, modificando la consistencia o textura en relación a ello.

La condimentación es aconsejable que sea suave: hay que evitar los condimentos irritantes y picantes. Se debe moderar la adición de sal y azúcar, tanto en el cocinado como en los aliños.

Por último, se recomienda que la presentación de los platos sea cuidada, para contribuir positivamente a su ingesta, hacer los platos atractivos a la vista y al gusto.

La estructura básica del menú diario la componen:

  • Un desayuno que incluya un alimento lácteo, una fruta, un cereal y algo dulce.

  • En el almuerzo y en la merienda se aconseja alternar el consumo de frutas y lácteo con el de pan, embutido magro y algo de verdura; en ambos casos se puede incluir una infusión.

  • Con respecto a la comida y cena, hay que señalar que su estructura es la misma, con la salvedad de que la cena debe ser más ligera. Estarán compuestas por un primer plato que tenga como ingrediente principal verdura o un alimento farináceo, y un segundo protéico acompañado de una guarnición a base de verdura o un alimento farináceo. La guarnición puede equilibrar el menú: para ello, si el primer plato se hace a base de verdura, se incluirá la guarnición farinácea y viceversa. Comida y cena incluirán un postre, que será preferentemente de fruta o derivado lácteo, y se acompañarán de pan blanco o integral. La bebida de elección será en todos los casos el agua. En determinadas ocasiones puede ser interesante realizar un plato único que incluya alimentos de los diferentes grupos mencionados para comida y cena.

Fuente: Claves para una alimentación óptima. Díaz de Santos

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