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Publicado por el nov 30, 2012 en Otros artículos de interés | sin comentarios

Desayunar: La mejor manera de comenzar el día

La mayoría de las familias inician el día con una alimentación deficiente, por lo que queremos llamar la atención de la importancia que tiene iniciar el día con un buen desayuno.Si no somos capaces de darle la importancia que tiene al desayuno, sufriremos sus consecuencias, y a largo plazo puede hasta ocasionarnos algún trastorno en nuestro organismo.

Está comprobado que el desayuno tiene muchísimos beneficios, pero sin embargo,  la gran mayoría de las personas lo saltan por diferentes razones:

  •  Hay quienes  argumentan no tener hambre cuando se despiertan,
  • Otros sostienen que no tienen  tiempo
  • Otros creen que el hecho de no desayunar es bueno para bajar de peso.

Actualmente muchas personas consideran que han desayunado tras haber tomado  únicamente café, zumo o galletas, lo cual dista de las recomendaciones de una  dieta equilibrada. Además, debido a los rígidos horarios laborales, muchas veces  tampoco almorzamos, por lo que el desayuno debería convertirse en nuestro  principal aliado para afrontar el día.

Lo cierto es que después de haber pasado sin ingerir alimentos por un período,  habitualmente, de 8 a 12 horas, el desayuno es el primer combustible para el  cuerpo. Esto es fundamental para nuestro cerebro que solamente se alimenta de  glucosa, ésta no tiene reservas en el organismo, a excepción del hígado donde la  reserva es mínima.

Otro de los beneficios de desayunar, es que éste evita que se produzcan los  síntomas de la hipoglucemia como dolores de cabeza, temblores, dificultad de  concentración y falta de energía. Por ello, si uno se salta el desayuno, a  media mañana tiene ansiedad de algo dulce, porque el cuerpo necesita glucosa  urgente. Los alimentos dulces refinados, generalmente son altos en grasas y  bajos en el resto de los nutrientes.

Entonces, estamos sustituyendo una comida importante por una colación menos  equilibrada y con mucha más grasa. Por eso es tan importante desayunar, además  constituye una oportunidad ideal para cubrir los nutrientes que si no, no  podrían obtenerse durante el día.

Es bueno resaltar además, que de acuerdo con varios estudios, se concluyó que  las personas que no desayunan son generalmente irritables, están cansadas  durante la mañana; además de poseer una menor productividad y desempeño laboral  o de estudio.

Aquellos que desayunan por el contrario, no sólo están más activas y lúcidas,  sino que también se encuentran con mejor ánimo y mayor resistencia para todo  tipo de tareas que se desarrollen en la mañana, y durante el día.

¿Cómo afecta eso nuestro peso?

Al comenzar el día ayunando, se pone en marcha una estrategia de ahorro energético, por lo cual el metabolismo disminuye. El cerebro no sabe si el ayuno será por unas horas o por unos días, así que toma las medidas restrictivas más severas. Por eso, si la persona decide luego almorzar, la comida será aceptada como excedente, se desviará hacia el almacén de ‘grasa de reserva’ y la persona engordará.
La razón de que los músculos sean los primeros utilizados como combustible de reserva en el ayuno matutino se debe a que en las horas de la mañana predomina la hormona cortisol que estimula la destrucción de las proteínas musculares y su conversión en glucosa.

¿Cómo es un desayuno equilibrado?

El desayuno debe suponer entre el 20 y el 25% de las calorías ingeridas a lo  largo del día. Para que sea equilibrado, deben estar representados como mínimo  los siguientes grupos de alimentos: lácteos (leche, yogur, cuajada,  requesón…), frutas y cereales (pan, tostadas, cereales de desayuno,  galletas…). Aparte de estos, también pueden participar otros alimentos, como  derivados cárnicos y dulces, en cantidades moderadas

 

 

 

 

 

Cereales. Proporcionan hidratos de carbono que aportan energía, vitaminas y minerales. Los cereales integrales aportan, además, fibra.

Lácteos. Contienen proteínas de calidad, calcio, vitaminas A y D, y vitaminas del grupo B (principalmente riboflavina o B2).

Frutas. Aportan hidratos de carbono, agua, vitaminas, minerales y fibra.

Derivados cárnicos. Jamón cocido o serrano, fiambres poco grasos (de pollo o pavo), embutidos… Contienen proteínas de calidad con función formadora (de construcción de tejidos y células) y cantidades variables de grasa con función energética

 

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