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Publicado por el dic 1, 2016 en Ejercicio Físico | sin comentarios

EJERCICIO FÍSICO Y AGUA

Una de las funciones del  agua en el cuerpo es la termorregulación, manteniendo la temperatura corporal  a través de mecanismos como  la evaporación-sudoración.

El aumento en la actividad física provoca un aumento de la temperatura corporal, ya que la energía, además de transformarse en energía mecánica utilizada muscularmente, también se disipa en forma de calor.

No es lo mismo practicar deportes en la nieve que hacer footing cuando hace mucho calor. En este caso la deshidratación será mayor, con un aumento de la temperatura corporal. Pero esto no significa que practicando deporte en invierno a unas bajas temperaturas no se produzca sudor y no haya riesgo de deshidratación. Habrá que rehidratarse, aunque las necesidades no serán tan altas como en un ambiente caluroso.

Además de recuperar el agua perdida, hay que prevenir los golpes de calor, habituales en muchos deportes y en ciertas épocas del año, que pueden afectar a la salud. Además, la deshidratación influye en la fatiga.

Durante el ejercicio físico desaparece la sensación de sed y muchas veces es necesario crear un hábito de hidratación independientemente de que se sienta la necesidad de beber.

agua-y-ejercicio-fisico

El nivel de hidratación influye directamente en el rendimiento. Los efectos adversos que provoca la deshidratación, medida en  pérdida de porcentaje de peso corporal, en el ejercicio físico son:

-1%. Umbral de sensación de sed, termorregulación alterada y descenso del rendimiento.

-2%. Mucha sed; pérdida de apetito.

-3%. Boca seca; reducción de excreción renal.

-4%. Reducción de un 30% en el rendimiento físico.

-5%. Dificultad de concentración.

-6%. Alteración grave en la termorregulación, hormigueo y adormecimiento de extremidades.

-7%. Riesgo grave.

Las recomendaciones sobre las necesidades hídricas dependen del ejercicio a realizar. En general se recomienda beber 150ml de líquido cada veinte minutos. Volúmenes muy elevados pueden provocar pesadez de estómago y problemas gastrointestinales, y no beber o hacerlo por debajo de las necesidades puede provocar una deshidratación.

La fórmula ideal es calcular la diferencia de peso antes y después de la práctica deportiva para medir la deshidratación en función de la pérdida de peso.

Si además de agua se aportan hidratos, se reduce la fatiga y se mejora el rendimiento.

Tampoco se debe obviar la pérdida de electrolitos provocada por el sudor; hay pérdidas importantes de sodio y potasio, que deben reponerse gracias a una bebida completa en todos estos nutrientes.

Los líquidos ingeridos deben pasar del estómago al intestino, donde son absorbidos y distribuidos a los tejidos. El tiempo que tarda en realizarse ese paso se llama “velocidad de vaciamiento gástrico” y es un factor muy importante, ya que cuando el deportista utiliza estas bebidas es porque  necesita su aporte hídrico, energético y de electrolitos lo antes posible, por lo que éste es un factor a tener en cuenta a la hora de realizar la elección de la bebida.

Lo ideal es una bebida isotónica, con un pH que no sea ni muy ácido ni muy básico y cuya concentración en glucosa no sea muy alta, ya que, aunque parece que favorecerá el rendimiento, este hecho retrasa el vaciamiento gástrico, lo que en vez de mejorar el rendimiento físico puede influir negativamente sobre él.

Como en el caso de los hidratos de carbono, es importante reponer las pérdidas de agua ocasionadas durante el ejercicio hidratándose justo después de la actividad física.

 

Fuente : Instituto Profesional de Estudios de la Salud

 

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