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Publicado por el may 31, 2012 en Otros artículos de interés | sin comentarios

Helios, el sol como fuente de vida

A lo largo del tiempo, el sol ha sido identificado como una fuente de creación, llegando a ser objeto de adoración por diferentes culturas. Con el paso de los años, el concepto del sol se ha trasladado de virtuoso a villano. Sin embargo, perdura una faceta amable del sol, como fuente terapéutica, en una disciplina que hoy conocemos como helioterapia.

 

¿EN QUÉ CONSISTE?

La helioterapia es la utilización de las radiaciones solares con fines terapéuticos. Consiste en la exposición dosificada al sol, aprovechando las propiedades beneficiosas de sus rayos, en el tratamiento de determinadas afecciones. Se trata de un método curativo de una larga tradición histórica, pero tan fácilmente asequible que con frecuencia se abusa de él o se prescinde de su aplicación cuando pudiera ser útil.

LA HELIOTERAPIA DESDE LA ANTIGÜEDAD

Ya en la cultura egipcia, en el siglo V antes de Cristo, se construían terrazas destinadas a los “baños de sol” y, a lo largo de las distintas épocas, se ha hablado de los efectos bactericidas de los rayos solares en la cura de heridas o el tratamiento, en los siglos XVIII-XIX, de enfermedades como el raquitismo, la artrosis o la tuberculosis. La utilización del sol con fines sanitarios se inició en Egipto y alcanzó gran importancia entre los griegos. Hipócrates estudió detenidamente los efectos del sol y del clima sobre el organismo sano y enfermo, dedicándole una parte importante en sus obras.

Los romanos también prestaron atención a la Helioterapia, considerándose tan conveniente su utilización que muchas casas romanas tenían solarium como cubiertas de las mismas. Con los baños de sol completaban, muchas veces, las curas en sus famosas Termas.

En la modernidad, esta terapia ha sigo objeto de diversos congresos internacionales, a raíz de los cuales se ha creado un gran número de colonias, campamentos, etc., fundados, en gran parte, para la utilización profiláctica y curativa de los rayos solares.

¿CÓMO FUNCIONA EL SOL SOBRE NUESTRO CUERPO?

Los efectos de las radiaciones solares sobre el organismo son muchos y muy interesantes, aunque los efectos biológicos se pueden resumir fundamentalmente en tres: el fototérmico (producción de calor), fotoquímico (activa determinadas reacciones químicas) y fotoelectrónico (puede producir fenómenos de fluorescencia sobre sustancias fotosensibles).

 

Entre los efectos terapéuticos destacan:

  • Aumentan la resistencia a las infecciones, al estimular el sistema inmunitario.
  • Aumentan la capacidad de trabajo por estímulo del sistema nervioso.
  • Aceleran la cicatrización de las heridas.
  • Fortalecen la respiración de los tejidos corporales.
  • Disminuyen las reacciones alérgicas.
  • Facilitan los procesos de desintoxicación.
  • Aumentan la síntesis de melanina, produciendo oscurecimiento de la piel.
  •  Mejoran, en general, el estado de ánimo.
  •  Muchos de estos efectos no son inmediatos, pudiendo aparecer 1 ó 2 meses después de realizada la cura de sol.

La Helioterapia estaría indicada para prevenir enfermedades en personas que toman poco el sol. Es apropiada en casos de déficit de vitamina D, ya que esta vitamina necesita la presencia de la luz solar para su activación en la piel. También para el tratamiento de algunas afecciones de la piel (psoriasis, dermatitis…) y en casos de consolidaciones lentas de fracturas óseas, o como prevención de la osteoporosis. Puede ser recomendable además, en periodos de convalecencia o en estados deficitarios de las defensas corporales.

Pero también tiene sus contraindicaciones, entre las que destacan las afecciones graves cardiacas, hepáticas o renales, la hipertensión grave o sin controlar y los estados febriles. Las personas que padecen de varices también deben proteger la zona enferma de las radiaciones solares, sin olvidar la influencia del sol en la aparición del cáncer de piel, por lo que la protección, tanto interna como externa, de la misma, es imprescindible y obligatoria.

PONER EN PRÁCTICA ESTA TERAPIA DE FORMA SEGURA

  •  Evite las horas de mayor intensidad solar: mejor a primera hora de la mañana o a última de la tarde.
  • La exposición al sol debe ser progresiva: empiece poco a poco y por partes (por ejemplo, pies y piernas) sin superar los diez minutos de exposición, no más de tres veces al día.
  • Protéjase la piel, ojos y cabeza: la crema solar, la gorra y las gafas de sol son imprescindibles.
  • El bronceado es un mecanismo por el cuál nuestro organismo se protege de los rayos solares, mediante la secreción de melanina, que forma una película protectora, al tiempo que se endurece la epidermis y se ponen en marcha las funciones vitales de la piel.  Sin embargo, las exposiciones prolongadas y el abuso del sol producen el efecto contrario, provocando un envejecimiento más rápido de la piel y haciéndola más vulnerable ante determinadas afecciones cutáneas.

OJO CON LA TANOREXIA, EL BRONCEADO LLEVADO AL EXTREMO

Precisamente, lo que ya se empieza a conocer como tanorexia es una de las patologías contemporáneas, derivada de una obsesión por el bronceado. Se trata de una enfermedad en la que no sólo interviene el componente sociológico de sentirse más atractivo con una piel que nunca está lo suficientemente morena; también influye el factor psicológico, proveniente de la sensación de placer y de descanso obtenida de la exposición al sol. Y aquí son culpables las endorfinas (proteínas del cerebro) que se segregan en ese momento relajado en el que nos tumbamos al sol. Por tanto, tengamos en cuenta los peligros de tomar el sol prolongadamente y sin las adecuadas protecciones; así como el de las cabinas de rayos UVA.

Y recuerda, la protección es importante tanto por fuera como por dentro, mediante una dieta completa y variada. Existen complementos alimenticios que pueden ayudarte a preparar tu organismo y disfrutar de todas las virtudes de “Lorenzo”.

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