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Publicado por el feb 6, 2015 en Edad avanzada, Etapas de la vida | sin comentarios

Importancia de una buena alimentación en la edad avanzada

 

A lo largo de nuestra vida el requerimiento esencial para desarrollar lo que nos propongamos está basado en las buenas condiciones que tengamos, fisiológicas, intelectuales y emocionales. Es verdad que todos queremos vernos y sentirnos bien, pero la realidad es que los hábitos que adquirimos condicionan nuestra salud en cualquier etapa de la vida. Mucho más aún en la vejez.

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Con el pasar de los años se van acentuando graves problemas de salud, los cuales no siempre son detectados a tiempo, o cuando se detectan ya es demasiado tarde. De esta manera, nos vemos obligados a invertir grandes cantidades de dinero en intentar curar nuestras enfermedades, cuando se pudo haber evitado en un gran porcentaje. Por ello, debemos prestar atención al ejercicio que practicamos y, mucho mas aún, a nuestra nutrición.

Los ancianos constituyen un colectivo muy heterogéneo, pues en este grupo se incluyen individuos de un amplio rango de edad, con una historia y una realidad sanitaria, económica, social y cultural muy diversa. Por ello, dar normas de carácter general es más difícil que en otros grupos de edad. Pese a ello, es conveniente tener en cuenta una serie de pautas:

- La dieta debe ser lo más variada posible. El anciano sano debe procurar comer alimentos de todos los grupos, y en cantidades moderadas.

- Pueden tomar sal, azúcar, alcohol… en cantidades moderadas.

- Las dietas restrictivas son peligrosas y, en algunos casos, causan perjuicios que superan las ventajas esperadas. En este sentido , solo se deben introducir en casos muy justificados, y controlando el estado nutricional para evitar que la persona caiga en deficiencias nutricionales. De ser imprescindible marcar pautas dietéticas estrictas, el consumo de algún suplemento puede estar aconsejado.

  • Si, en general, el desconocimiento y los errores en nutrición de la población son elevados, los que se observan en personas de edad avanzada lo son mucho más. Los ancianos de bajo nivel socioeconómico, especialmente los varones, no tienen conocimientos sobre cómo conseguir una alimentación correcta. Por ello, una adecuadal información nutricional es imprescindible en este colectivo.

 

Cambios físicos que afectan al estado nutricional de la persona de edad avanzada.

-La composición corporal varía con la edad, disminuyendo la masa magra y el agua corporal y aumentando la proporción de grasa, lo que ocasiona una reducción del metabolismo basal. Por otro lado, la pérdida de masa ósea puede aumentar el riesgo de fracturas, con la consiguiente pérdida de movilidad.

-Deterioro de funciones fisiológicas (a nivel digestivo, endocrino, respiratorio, circulatorio, urinario, inmunitario y nervioso). A nivel nutricional, los problemas dentales y digestivos tienen un gran impacto sobre la ingesta, digestión y absorción de los nutrientes. Por eso, está recomendado el uso de complejos vitamínicos y suplementos alimenticios que aporten los nutrientes de los que se tiene déficit.

-Alteraciones sensoriales: la pérdida de olfato, gusto, vista y oído pueden repercutir en la elección de los alimentos y en la preparación de los mismos, lo que se asocia a una pérdida de apetito.

La disminución de la actividad física también condiciona un menor gasto de energía que puede dar lugar a una deficiencia de nutrientes.

 

Suplementos dietéticos y vitamínicos: son necesarios?

Debido a la ingesta insuficiente de nutrientes o a la imposibilidad que el organismo tiene para absorberlos, vemos casi como un hábito normal la hospitalización de ancianos o el ingreso en residencias geriátricas, pues al disminuir la masa magra y aumentar el porcentaje de grasa se dan problemas como hipertensión, alteraciones biliares, hiperlipemias y cambios metabólicos significativos, como intolerancia a la glucosa. Esto se traduce en una alteración en el metabolismo de los hidratos de carbono.

Se ha comprobado que los niveles de glucemia en ayunas aumentan en 2 mg/dl cada 10 años a partir de los 40 años, y la elevación de la glucosa en sangre después de una comida en 8-15 mg/dl también cada 10 años. Muchos autores atribuyen esta alteración a una disminución en la producción de insulina por parte del páncreas. Además, pueden estar implicados factores como los cambios dietéticos y la disminución del ejercicio físico, por lo que esta alteración puede acabar en una diabetes de tipo II (Rudman, 1989).

En las mujeres, después de los dos años siguientes a la menopausia hay una mayor fragilidad ósea y mayor riesgo de osteoporosis. Por  eso, es importante que en la suplementación alimenticia se encuentren vitamina D, magnesio y calcio en porciones adecuadas.

También, la pérdida de elasticidad del tejido arterial y venoso (consecuencia propia de la edad) y la concentración de colesterol en sangre que afecta al sistema cardiovascular, entre otras cosas, son factores importantes para el diseño de un buen suplemento alimenticio que facilite la ingesta y valor nutritivo. Debido a problemas fisiológicos, como la pérdida de piezas dentales, no se puede pensar en que puedan masticar alimentos difíciles de digerir y sintetizar.

Es por esto necesario una suplementación nutricional que contenga todos los nutrientes necesarios y permita la defensa natural del organismo frente a agentes infecciosos que puedan atacar fácilmente, evitar el riesgo de malnutrición y, finalmente, tener una calidad de vida saludable siempre.

 

La importancia de una buena hidratación.

La deshidratación es la causa más frecuente de alteración de los líquidos y electrolitos en las personas mayores. Esta alteración se ve favorecida por una disminución de la sensación de sed, por una menor ingesta de líquidos, junto con la tendencia de los riñones envejecidos a retener una menor cantidad de agua.

En las personas mayores debe cuidarse especialmente la ingesta de agua. En algunos países, se establecen recomendaciones de 20-45 ml/Kg de peso corporal. Debe prestarse especial atención a la ingesta de agua en procesos diarreicos o febriles en los que las necesidades hídricas están aumentadas y pueden favorecer cuadros de deshidratación.

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