INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS DURANTE EL EMBARAZO

La intolerancia alimentaria o intolerancia a los alimentos son reacciones adversas del organismo hacia alimentos que no son digeridos, metabolizados o asimilados completa o parcialmente. Cuando hay este déficit el alimento se digiere mal y produce ciertos trastornos digestivos o de otro tipo.

El primer contacto del bebé con los alérgenos ocurre en etapas muy tempranas de la vida del niño. Se han encontrado alérgenos alimentarios y también aero-alérgenos en el líquido amniótico y en la leche materna. El intestino del feto y del recién nacido es inmaduro, facilitando que estos alérgenos una vez ingeridos atraviesen intactos la pared intestinal.

Hasta la semana 20, la influencia de la alimentación de la mujer en la formación del líquido amniótico y en el desarrollo de su bebé es vital. De ahí que sea hasta entonces cuando se producen más riesgos de que éste pueda desarrollar alguna alergia alimentaria que le quede ya de por vida.

La restricción de ciertos alimentos en la dieta de la madre durante la gestación y la lactancia evitaría la presencia de estos alérgenos en el líquido amniótico y en la leche. Se ha postulado que estas dietas restrictivas podrían proteger al bebé de desarrollar intolerancias alimentarias.

Existen formas de tomar alimentos alternativos que no te hagan daño y que además, cumplan con los requisitos necesarios para cubrir las necesidades alimenticias de tu pequeño.

La intolerancia alimentaria en el embarazo puede manifestarse de varias maneras:

  • Embarazada celíaca: es una intolerancia al gluten por una mala absorción del intestino de sustancias que están en el trigo, avena, cebada y centeno. Los síntomas son muy variados, pasan de fuertes diarreas, de anemia, a sufrir depresiones exógenas. A veces resulta muy difícil dar con el diagnóstico, sin embargo, se mejora mucho suprimiendo el gluten de la alimentación y productos que puedan contenerlo, como preparados alimenticios, salsas, productos de repostería, carnes y embutidos envasados. También es importante poner especial atención en todo producto proveniente de la industria alimentaria, puesto que el alimento en sí puede no tener ninguno de estos cereales, pero sí que pueden contenerlo los conservantes que se incorporen, o, puede darse el caso de contaminación cruzada, que se produce cuando con los mismos útiles se preparan indistintamente productos con gluten y sin gluten.

Para suplir los nutrientes que le faltan al feto, una embarazada celíaca puede sustituir los cereales antes mencionados por maíz, arroz, soja e incluso utilizar harinas de garbanzo o lenteja. Por otro lado, no es necesario que dependa del pan y cereales sin gluten. Las verduras y las legumbres cubren perfectamente todos los nutrientes de los carbohidratos complejos.

Las mujeres embarazadas celíacas han de llevar estricto cuidado en su dieta, puesto que el no hacerlo puede suponer un peso bajo del bebé al nacer y altos riesgos de sufrir abortos espontáneos.

  • Embarazada con intolerancia a la lactosa: es un trastorno que afecta a la digestión de la lactosa, proteína fundamental de la leche. Estas mujeres presentan un déficit de una molécula enzimática denominada lactasa, la cual permite la disociación de la lactosa y su absorción.

El tratamiento se basa en evitar la ingesta de alimentos que la contengan, por ejemplo, leche y sus derivados como mantequilla, yogur, queso, helados…

El calcio es importante para el desarrollo de los huesos del bebé, así como para darte fuerzas durante todo el embarazo. Hay muchas maneras de alcanzar su dosis diaria de 1.000 a 1.300 miligramos. Para ello, deberá aumentarse la toma de alimentos ricos en calcio como:

Pescados: sardinas, salmón.

Mariscos: almejas, cigalas, langostinos y gambas.

Legumbres: garbanzos, lentejas y judías blancas.

Frutos secos: pistachos y nueces.

Frutas y verduras: higos, acelgas o espinacas, col rizada.

El calcio es un oligoelemento indispensable para el correcto desarrollo embrionario y fetal. La vitamina D ayuda a tu cuerpo a absorber el calcio, especialmente durante la segunda mitad de tu embarazo.

Se ha comprobado que niveles bajos de vitamina D ya en el embarazo, causa un mayor riesgo de diabetes gestacional y preeclampsia.

La principal función de la vitamina D es mantener los niveles sanguíneos normales de calcio y fósforo. Si tomamos mucho calcio, pero no contamos con suficiente vitamina D, éste se pierde. Cuando nuestro organismo no cuenta con calcio suficiente para las funciones lo saca del hueso, lo que provoca es osteopenia y osteoporosis.

Cuando el calcio no se absorbe, el páncreas funciona peor, lo que impide que se segregue la insulina suficiente y, por tanto, aumenta el riesgo de diabetes.

También el calcio interviene en el buen funcionamiento de los músculos, incluidos los de las venas y arterias, por lo que el déficit de vitamina D se relaciona con la hipertensión y por tanto la preeclampsia, una patología que puede llegar a ser grave en el embarazo.

Nuestro cuerpo obtiene esta valiosa vitamina de dos fuentes principales: de los alimentos que ingerimos y de la exposición de nuestra piel a la luz del sol, siendo esta última la más importante (de donde obtenemos entre el 60-80%).

Los principales alimentos que contienen vitamina D, son el aceite de hígado de bacalao, los pescados grasos (ya sean frescos, ahumados o en conserva), la yema de los huevos, hongos (champiñones y setas), las carnes, así como algunos alimentos fortificados (como algunas leches, zumos, cereales…).

El déficit de vitamina D se ha relacionado con bajo peso al nacimiento, retraso de crecimiento intrauterino y alteración en el desarrollo óseo fetal.

Aprender a comer bien en el embarazo con una intolerancia alimentaria es fundamental, ya que se trata de cubrir las necesidades tanto del feto como de la madre, sin necesidad de incluir en su dieta ninguno de los alimentos prohibidos por intolerancia.

Enlaces de interés

(1) natalben.com

(2) babycenter.com

 

Noelia Llorente
n.llorente@novadiet.es