LA ACTIVIDAD FISICA IMPRESCINDIBLE PARA LOS NIÑOS

La práctica regular de actividad física en los niños genera muchos beneficios pero en los últimos tiempos ha perdido importancia, debido al alto aumento del sedentarismo infantil.

La OMS explica el sedentarismo “como la ausencia de la actividad física necesaria para que el organismo humano se mantenga en un estado saludable y es causa directa del aumento de la mortalidad, morbilidad y discapacidad de los individuos que viven inmersos en ese modo de vida”.

Un niño sedentario se arriesga a:

  • tener sobrepeso y obesidad
  • aumento considerable de colesterol y triglicéridos
  • aumento de la glucemia generando predisposición a diabetes
  • hipertensión arterial
  • baja capacidad aeróbica
  • menor fuerza y resistencia muscular
  • falta de coordinación y agilidad
  • mayor ausentismo escolar por enfermedades

Todos estos riesgos se podrían evitar incentivando la práctica de ejercicio físico de manera sistemática y programada, acorde a las necesidades y posibilidades del niño.

Es ejercicio “cualquier movimiento del cuerpo estructurado y repetitivo que tiene por objeto una mejora o mantenimiento de la condición física y de las capacidades y habilidades motrices ( aprendizaje motor)”.

El programa de actividad física más efectivo es el que combina ejercicios aeróbicos y anaeróbicos. Los niños de entre 5 y 17 años deberían practicar al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa. Mediante un circuito de entrenamiento de fuerza y ejercicio aeróbico de dos días a la semana, los niños de entre 13 y 14 años mejoran significativamente la masa libre de grasa, el índice de masa corporal, el estado de forma, la frecuencia cardíaca en reposo, la presión sanguínea sistólica y los triglicéridos.

El ejercicio físico programado provoca profundos beneficios físico-orgánicos mediante fenómenos de adaptación de las funciones cardiovasculares, pulmonar, metabólica, neuromuscular y sobre los tejidos muscular, conectivo y adiposo.

A los efectos de prevenir la obesidad desde la temprana infancia, es necesario modificar los hábitos alimenticios y los niveles de actividad física.

La alimentación de un niño que realiza actividad física debe ser adecuada en calidad y cantidad, con un suficiente aporte de macro y micronutrientes, para que no se vea afectado el adecuado desarrollo y crecimiento del niño. Por desgracia es muy frecuente que los niños y adolescentes retomen sus antiguos hábitos de ejercicio y nutrición una vez alcanzada la meta que se habían propuesto, recuperando los kilos que habían perdido y bajando aún más su autoestima. Se debe lograr un cambio de hábitos de alimentación y actividad física que se prolongue en el tiempo, por ello la modificación de la conducta desempeña un papel fundamental en el tratamiento de la obesidad. Esto se convierte en un gran reto para los padres, ya que ellos deberán ser modelo de conducta, y convertirse en la palabra autorizada para establecer algunas pautas en el hogar, por ejemplo reduciendo el tiempo de pantalla frente al televisor o el ordenador a menos de dos horas diarias, alentando a los niños a comer solo cuando tengan hambre y a hacerlo despacio y evitando utilizar la comida como recompensa o castigo.

 La familia debe organizar actividades que pongan en relación estas cuestiones con el cuidado del cuerpo y una “vida saludable”.

Bibliografía:

www.redulyc.org

www.sciencediret.com

www.memoria.fahce.unlp.edu.ar

Mayte Morales
maytemoralesalfaro@hotmail.com