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Publicado por el sep 10, 2012 en Menopausia, Otros artículos de interés | sin comentarios

La menopausia: cambio que trae otros cambios

Desde el nacimiento nuestro organismo experimenta múltiples cambios que nos van acondicionando para cada etapa de la vida. Si durante la pubertad, en la mujer aparece la menstruación, que significa que entra en una etapa en la que se está preparada para la reproducción, con la menopausia, en cambio, su cuerpo se desprende de esta fertilidad para dar paso a la senectud.

La menopausia se define como el periodo en que la mujer deja de tener actividad ovárica y, como consecuencia, desaparece la menstruación. Esta fase conlleva una serie de importantes cambios, tanto físicos como emocionales, que habrá que superar y para los que se ha de estar preparada.

Cambios en el organismo:

Es a partir de los 35 años cuando la actividad ovárica de la mujer empieza a descender y la capacidad de concebir también es menor, aunque no por ello deje de ser posible. De hecho, el periodo fértil suele durar hasta los 45-50 años, intervalo que varía dependiendo de la mujer. Es cuando finaliza la menopausia cuando definitivamente, la mujer deja de ser fértil. Pero además de esta consecuencia, este proceso natural conlleva muchos y delicados cambios que inciden en la vida de la mujer.

La menopausia es un periodo de transformación en el organismo femenino que hace que los ovarios dejen de producir óvulos, por lo que las menstruaciones dejan de ser normales hasta que terminan desapareciendo por completo. Asimismo, esto es consecuencia de que el cuerpo produzca menos estrógenos y que cese la secreción de hormonas, cambios que motivan las señales que experimentan algunas mujeres durante el proceso menopáusico. Como la cantidad de hormonas que produce el cuerpo para circular por la sangre en este período es menor, hay menos posibilidad de controlar funciones como la sensación de hambre, calor, sueño y, por supuesto, las emociones.

Aunque la incidencia de la menstruación sea muy diferente y dependa de la mujer, hay unos síntomas muy parecidos y claramente reconocibles que nos harán comprender el proceso que se está fraguando en nuestro cuerpo e intentar que nos perjudique en la menor medida posible.

Más que unos simples sofocos

Antiguamente se pensaba que los síntomas de la menopausia no eran importantes y que la mujer tendía a exagerarlos. Hoy sabemos que sí que lo son, y que si no son tratados con la atención que merecen, pueden ocasionar graves problemas psicológicos que pueden interferir en el bienestar y la salud física.

Además de la obvia falta en la menstruación, los síntomas más populares son los sofocos, sobre los que habremos oído mucho bromear. Se trata de oleadas de calor que cambian la temperatura interna de la mujer y que también se pueden ver acompañados por un leve enrojecimiento de la piel. Igualmente, estos contrastes del termostato corporal pueden provocar sudoración excesiva, que se puede agravar por la noche e influir en la calidad del sueño.

Las consecuencias psicológicas son también muy comunes, pudiendo producirse alteraciones en el estado de ánimo y cambios de humor. Y es que es un proceso muy delicado donde la mujer siente que está envejeciendo, por lo que las crisis de edad suelen acarrear una mayor vulnerabilidad, pudiendo incluso aparecer cuadros de ansiedad o depresión. Estos trastornos mentales también pueden desencadenar una falta de apetito sexual e incapacidad para alcanzar el orgasmo, problemas que se pueden acentuar por una mayor sequedad vaginal y una elasticidad menor en estos tejidos que pueden hacer que el coito resulte doloroso.

Por último, cabe mencionar la posibilidad de que la menopausia afecte al sistema urinario. Se trata de la incontinencia, un trastorno que es normal que se desarrolle con la edad, pero que con los cambios hormonales puede verse incrementado, ya que los tejidos de esta parte del cuerpo también se ven deteriorados. En los casos más graves, estas alteraciones se pueden traducir en infecciones que será necesario tratar médicamente.

La batalla a la osteoporosis

La pérdida de masa ósea, originada por el déficit de estrógenos, se hace evidente en esta etapa de la vida de la mujer. De hecho, a partir de la menopausia, se puede llegar a perder un 5% de la masa ósea cada año, lo que provoca que los huesos se vuelvan más frágiles y propensos a las fracturas. De esta forma, el organismo requiere un suministro adecuado de calcio y otros minerales para mantener la densidad de los huesos, que alcanza su valor máximo alrededor de los 30 años.

Una buena forma de contrarrestar esta importante pérdida es la utilización de complementos vitamínicos como la dolomita, una roca que, además de aportar el calcio y el magnesio necesario, regula el sistema nervioso central y ayuda a fijar el calcio al hueso.

Importantísimo cuidarnos por dentro

Durante la menopausia es muy frecuente aumentar de peso debido a una serie de procesos fisiológicos. Incluso en aquellas personas que siempre han sido muy delgadas se aprecia un incremento de dos a tres kilos. De ahí que sea necesario seguir una alimentación equilibrada, vigilando, además, la concentración de colesterol en sangre, cuyo aumento constituye un factor de riesgo cardiovascular. Es conveniente tomar verduras y frutas en abundancia, controlar las grasas y tomar productos lácteos, frutos secos y legumbres.

Hacer algo de deporte, subir las escaleras andando, sacar a pasear al perro durante un rato o bajar una parada antes del autobús son pequeños gestos que ayudarán a mejorar la asimilación de calcio. Si, además, se realiza ejercicio al aire libre cuando hace sol, se facilitará la absorción de calcio gracias a la síntesis de vitamina D.

Cambios que traen otros cambios

Mirar de forma positiva estas incómodas permutaciones que está viviendo el cuerpo, el alma y la mente con los procesos menopaúsicos no es fácil. Sin embargo, si nos preparamos para vivir con sabiduría este nuevo ciclo, nada podrá hacernos sufrir.

Es necesario pensar en la menopausia como una etapa de plenitud con una visión positiva. Mirar estos cambios como un período más, pero con la certeza de que al llegar a la madurez existe un mayor conocimiento sobre la sexualidad que se quiere tener.

 Tener en cuenta de que este cambio es el reflejo de la experiencia, poder decidir en qué momento se quiere tener un encuentro íntimo y elegir con quién será, con una mirada más sensible. Todo un reto que debemos estar dispuestas a reconocer y aceptar para ver la menopausia como un renacer, no el fin de nuestras vidas.

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