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Publicado por el jul 20, 2012 en Otros artículos de interés | sin comentarios

¿Somos lo que comemos?

Al escuchar la pregunta ¿Somos lo que comemos? todos tenemos inmediatamente la respuesta en nuestra mente, resultado de conocer el programa de televisión y el libro con el mismo título…pero yo no puedo estar de acuerdo al cien por cien. La respuesta no es un sí y ya está; no. Es un sí y no.

En medicina, y por tanto también en salud, no hay verdades matemáticas que se cumplan siempre, al contrario…si alguien afirma algo categóricamente o asegura que algo siempre se cumple o que algo no ocurre nunca, de entrada debemos pensar que se está equivocando…

Ojalá fuéramos lo que comemos, entonces sería muy fácil evitar las enfermedades…o las corregiríamos, si apareciesen, de una manera rápida y eficaz. Pero resulta que la etiología de las enfermedades (es decir el origen que las provoca, las causas que las producen) rara vez es única, más bien todo lo contrario, la etiología suele ser multifactorial: hay causas genéticas, inmunológicas, infecciosas, yatrogénicas (las que surgen como efecto secundario,consecuencia o complicación de un método diagnóstico o de un tratamiento médico), relacionadas con la alimentación, tóxicas…y hay causas idiopáticas (utilizamos esta palabra cuando desconocemos cuál es la causa).

Pero, por favor, que nadie entienda que estoy diciendo que no hay que cuidar la alimentación… Estoy convencida, porque hay miles de estudios científicos que así lo demuestran (y porque lo he visto en mis pacientes) que es fundamental comer de una manera sana y equilibrada para prevenir la aparición de ciertas patologías o para retrasarla, en el caso de que estemos predispuestos a padecerla por otras causas, o para solucionarla en muchos de los casos. Consiguiendo mejorar, así, todo lo que dependa directa o indirectamente de la alimentación que en muchas enfermedades lo es todo.

Existen alimentos cuyo consumo habitual en una cantidad excesiva posee efectos perjudiciales, a corto o largo plazo, para la salud y, por lo tanto, hay que intentar reducir su consumo y, en algunos casos, evitarlo. Así hablamos de consumo excesivo de sal, de alimentos ricos en grasas saturadas, de azúcares refinados, de alimentos ahumados, de alcohol (sobre todo, de graduación elevada)…

Existen otros alimentos con efectos beneficiosos y/o protectores para el organismo: los lácteos, las frutas y verduras, los frutos secos, los yogures (lácteos fermentados con bacterias vivas), pescado, el vino y la cerveza(en pequeñas cantidades)…

Hay díetas desequilibradas en las que predomina el consumo de alimentos con efectos perjudiciales y escasean los alimentos con efectos protectores y hay díetas equilibradas nutricionalmente y sanas, en las que ocurre lo contrario: predominan los alimentos protectores.

¡¡¡No somos lo que comemos totalmente pero lo que comemos nos hace como somos en gran medida!!! Así que cuidemos lo que comemos y disfrutemos comiendo sano…si es posible, desde la infancia, aunque cualquier momento de nuestra vida es bueno para cambiar de hábitos.

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