Cada vez más estudios están demostrando la relación directa que existe entre lo que comemos y nuestro bienestar emocional. Sin embargo, cuando tenemos elevados niveles de estrés y malestar emocional, es habitual ver que comemos en exceso, ingerimos alimentos más calóricos o menos saludables. Es lo que llamamos "comer emocional", y tiende a ocasionar sobrepeso y obesidad. También puede ocurrir el caso contrario. Otras personas, bajo esta misma presión, reducen la ingesta y puede provocar problemas de desnutrición. Se puede comer por ansiedad, por falta de motivación, baja autoestima, malestar sentimental, tristeza, aburrimiento o estrés. Cuando comemos por estas causas, lo que buscamos es una "recompensa", que a su vez puede verse como castigo y esto vicia más el círculo.