Entre el nivel de estrés y nuestra alimentación hay un estrecho vínculo, ya que el primero puede influir negativamente en lo que comemos mientras que lo que comemos puede ayudarnos a reducir los niveles de estrés y sus efectos negativos en el organismo.

Muchas veces sentimos que vivimos para trabajar o que los problemas nos agobian. Vamos corriendo al trabajo, o del trabajao a por los niños, o pedimos la cena a domicilio porque no hemos comprado. Las preocupaciones no nos dejan dormir bien, nos sentimos presionados, no tenemos tiempo para hacer las cosas que nos gustan…en definitiva, somos presas del estrés. Es probable que tus seres queridos te hayan recomendado un descanso, o que tu mism@ sepas que este ritmo de vida que llevas no es bueno, porque no te encuentras bien, pero ¿cómo hacer para parar y relajarte en medio de la vorágine de los días? Es simple: tómate tu tiempo.
El sueño es un regulador biológico que permite restaurar el organismo y recuperar la energía gastada durante todo el día. El estrés, los problemas personales, los cambios en los horarios, la mala digestión, son factores que nos impiden “dormir como bebés”. Se acabaron las noches dando vueltas en la cama o por el pasillo de casa; os damos algunos trucos para recuperar el sueño y hacer que el descanso sea realmente un placer.
La respiración es una función vital del organismo. Nos conecta con el medio ambiente para ejecutar el intercambio gaseoso que alimenta la vida, a saber, la absorción de oxígeno al inspirar y la expulsión de anhidrido carbónico al espirar. Respiramos constantemente, a razón de unas veinte veces por minuto, nos demos cuenta o no, despiertos o dormidos.
El estrés es un mecanismo necesario para mantener la vida física y emocional, pero demasiado estrés o durante mucho tiempo puede producir agotamiento físico y psíquico o enfermedad. El estrés puede manifestarse con síntomas en cualquier órgano o sistema del cuerpo, destacando en principio síntomas como: