Categories Menu

Publicado por el jul 8, 2016 en Etapas de la vida, Menopausia | sin comentarios

TENGO LA MENOPAUSIA, PERO…Y ¿ÉL?

andropausia okNosotras, las mujeres, no somos las únicas que padecemos los efectos de los cambios hormonales. La mayoría de los hombres también presentan síntomas similares a los que experimentamos nosotras en la menopausia. Este proceso, en los hombres, se llama andropausia o también llamado “Síndrome de Adam”.

DEFERENCIAS ENTRE MENOPAUSIA MASCULINA Y FEMENINA

-      La menopausia implica una ausencia de fertilidad, en contra, la andropausia no está relacionada necesariamente con el final de la etapa fértil de los hombres. Los hombres pueden tener fertilidad hasta edades avanzadas, siempre dependiendo de la cantidad de espermatozoides que tengan.

-      La menopausia en las mujeres se produce de manera brusca, mientras que la andropausia en los hombres es un proceso lento y progresivo que empieza a afectar a los hombres alrededor de los 50 años, debido al descenso de las hormonas sexuales masculinas o andrógenos, especialmente la testosterona. Estos cambios no sólo se dan en el ámbito sexual, sino también en el funcionamiento de otros sistemas y órganos.

-      La menopausia afecta a todas la mujeres, en cambio en la andropausia los porcentajes son variables. Ya que alrededor de un 30% de los hombres tienen síntomas de andropausia, y prácticamente todos los hombres presentan síntomas clínicos al alcanzar los 70 años.

SÍNTOMAS

Los síntomas más comunes que los hombres sufren durante esta etapa son:

-      Disminución natural y paulatina de la actividad de los testículos.

-      Baja producción de esperma.

-      Disminución del deseo sexual.

-      Erecciones menos frecuentes y duraderas.

-      Cabellos secos, piel seca, delgada y arrugada.

-      Cambios en la conducta: cambios de humor.

-      Sudoración excesiva, mayormente durante la noche.

-      Disminución de la capacidad para concentrarse.

-      Disminución de masa ósea, por pérdida de calcio y magnesio.

-      Menor producción de otras hormonas, lo que propicia pérdida de masa muscular y tendencia a acumular grasa, sobretodo en la zona abdominal.

-      Pérdida de energía y cansancio.

-      Ansiedad y nerviosismo.

-      Insomnio.

-      Problemas circulatorios.

-      Dolor de cabeza.

-      Depresión.

Estos síntomas se aceleran e incrementan por diferentes factores: los factores hereditarios, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes mellitus, las enfermedades tiroideas, el estrés físico y psicológico, y el abuso del alcohol, tabaco o drogas, la falta de ejercicio, la ansiedad y problemas para conciliar el sueño.

De esta manera, en esta etapa, las recomendaciones dietéticas se deben enfocar a mantener la salud y a prevenir las enfermedades, con lo cual, se debe seguir una alimentación equilibrada, sana y variada en concordancia con la actividad física de cada uno.

¿QUÉ HÁBITOS SALUDABLES SE DEBEN ADQUIRIR EN ESTA ETAPA?

-      Distinguir entre hambre y apetito a la hora de comer.

-      Mantener los horarios de comidas bien establecidos, sin saltar ninguna, para evitar el descenso de los niveles de glucosa en sangre, que es la causa de cansancio, irritabilidad, mareo y caídas.

-      Distribuir la alimentación en varias tomas: 5 comidas diarias, sin saltarse ninguna.

-      Realizar una cena ligera, para conciliar bien el sueño, y sin muchos líquidos para no despertar por la noche.

-      Entre comidas, no consumir bocadillos, porque se tiende al sobrepeso, es preferible comer fruta.

-      Relajarse antes de sentarse a la mesa, comiendo despacio y de manera relajada (20 a 30 minutos para cada comida fuerte).

-      Planificarse el menú diario, para poder prepararlo de forma adecuada.

-      Masticar bien los alimentos para realizar una buena digestión.

-      Los alimentos ricos en hidratos de carbono complejos (el pan, la pasta, las legumbres y las patatas) deben constituir la base de la alimentación, ajustándose las cantidades a las necesidades energéticas personales.

-      Reducir al máximo el consumo de productos demasiado dulces, sobre todo en caso de obesidad, diabetes o niveles altos de triglicéridos y colesterol.

-      Reducir la grasa saturada, y más aún las grasas trans (bollerías y productos precocinados), ya que aumentan los niveles de colesterol y se corre el riesgo a desarrollar arteriosclerosis.

-      Aumentar el consumo de pescado y aceite de oliva (alimentos ricos en ácidos grasos insaturados) para reducir los niveles de triglicéridos y colesterol sanguíneos elevados.

-      Consumir verduras y frutas, que aportan minerales, vitaminas y antioxidantes, que previenen el proceso de envejecimiento celular.

-      Consumir lácteos para ayudar al mantenimiento de la salud de los huesos.

-      No abusar de la sal y de los alimentos ricos en sodio como: embutidos y conservas.

-      Beber suficiente agua (1,5 litros al día) para mantener el cuerpo bien hidratado y favorecer la función de los riñones.

-      No abusar del café.

-      Realizar ejercicio moderado regularmente.

Publicar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>